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Elena González Alfaya, investigadora de la USC galardonada con el I Premio Humanitas

"El voluntariado es mi terapia y me enseñó a relativizar las cosas"

Elena González Alfaya
Elena González Alfaya
  • Ignacio Rodríguez

La licenciada en Pedagogía e investigadora de la Universidad de Santiago de Compostela Elena González Alfaya (Ponteareas, 1976) recibió el pasado viernes el primer Premio Humanitas, convocado por el Consello Social y la Asocación de Antiguos Alumnos e Amigos da USC y dotado con 2.000 euros. El jurado encargado de fallar este galardón acordó distinguir a esta alumna por su colaboración como voluntaria en la Unidad de Desórdenes Alimentarios del Hospital Provincial de Santiago de Compostela.

-¿Qué supone para usted ser distinguida con este premio?

-Es un motivo de gran alegría, pero me gustaría hacer extensivo este galardón a la Oficina de Vo- luntariado de la institución académica compostelana y a todos sus integrantes, puesto que este servicio universitario me ha permitido poder llevar a cabo este tipo de labores solidarias como voluntaria.

-¿Considera prioritario que las universidades promuevan este tipo de iniciativas para acentuar aún más su cometido social?

-Por supuesto, porque, en el caso del voluntariado, las colaboraciones que se llevan a cabo contribuyen de forma muy positiva en la formación integral del universitario. Es más, yo diría que el voluntariado sirve de estímulo para luego afrontar con más ahínco las obligaciones académicas propias de un estudiante.

-Usted habla de estímulos, obligaciones académicas, formación integral...,pero ¿los universitarios disponen de tiempo suficiente para compaginar todas estas tareas?

-Creo que sí, al menos en mi caso, porque para mí las acciones voluntarias constituyen una terapia muy útil, porque me hacen sentir bien y eso me da fuerza para afrontar el resto de las tareas.

-¿Se atrevería a generalizar sus impresiones o, por contra, cree que usted responde a un perfil de universitario inusual?

-El hecho de llevar a cabo colaboraciones voluntarias generan satisfacción en sus autores. Esto es algo obvio, pero yo iría más lejos. Antes decía que el voluntariado me ha servido como terapia, pero no sólo eso, puesto que también me ha enseñado a relativizar las cosas y a apreciar lo que es realmente importante y aquello que no lo es tanto. Cuando ves a un toxicómano, por ejemplo, te das cuenta de que las clases, los exámenes y los títulos no son tan relevantes.

-¿Definiría como solidaria a la actual comunidad estudiantil?

-Sí, sí que lo es y mucho. No obstante, hay factores exógenos que no posibilitan el ejercicio de estas acciones. Las elevadas cifras que deparan las estadísticas sobre desempleo, la multitud de trabajos precarios, las dificultades de inserción laboral que debemos superar los jóvenes... Todo esto hace que los estudiantes pongan mucho celo en su formación academicista a fin de obtener un buen rendimiento y luego un empleo.

-¿Y a la Universidad de Santiago?

-Por supuesto. Buen ejemplo de ello es la propia Oficina de Voluntariado, a la que permanezco vinculada desde su nacimiento hace ya ocho años y que no ha dejado de crecer a lo largo de todo este tiempo.

-¿Vería acertado que las instituciones académicas arbitraran mecanismos para compensar las acciones voluntarias con créditos académicos?

-El trabajo de voluntario no precisa compensación alguna de ningún estamento, puesto que es una decisión personal, una actitud. Sin embargo, sí abogo porque las universidades tengan en cuenta de alguna forma la formación de los voluntarios.

-¿Merece la pena centrarse exclusivamente en lo académico y obviar aspectos más sociales y humanos?

-Es muy difícil responder a esta cuestión. La formación es necesaria, imprescindible, diría yo. Sin embargo, cuando completas una titulación y das el salto al mercado laboral, lo que te demandan no es sólo el diploma de haber superado unos determinados estudios, sino que también quieren que el candidato tenga capacidad de liderazgo, de organización, sepa trabajar en equipo... El voluntariado también ayuda a cultivar todos estos valores.

-¿Aboga entonces porque las universidades deben trascender su cometido estrictamente formativo?

-Ahora que la enseñanza universitaria ya se ha hecho accesible para la mayoría de la población, las instituciones académicas deberían apostar más por la calidad, pero no sólo por la mejoría de sus prestaciones, sino por formar a buenos profesionales al tiempo de ayudar a sus alumnos a ser mejores personas.

-¿Qué medidas propondría usted para conseguir este loable objetivo?

-¡Uf! Los temas transversales como la paz, la solidaridad, el amor o incluso el voluntariado no pertenecen a nada en concreto ni son competencia directa de ningún organismo ni de ninguna persona, sino que están y forman parte de todo. Este carácter genérico hace que muchas veces no se cuiden estos aspectos que, a la postre, son tan importantes.

-¿Defiende entonces que los valores de los que usted habla estén presentes como disciplinas o programas específicos dentro de los primeros niveles educativos?

-Sería una decisión muy acertada y positiva para la formación integral de las personas. Creo que sería conveniente avanzar en este sentido, porque veo necesario educar en valores a la ciudadanía.

-El galardón que acaba de recibir da buena cuenta de su solidaridad y su currículo refleja asimismo su brillantez académica, pero ¿qué rumbo le gustaría dar a su futura actividad profesional?

-Actualmente estoy realizando mi tesis doctoral, que, bajo la dirección del profesor del departamento de Didáctica y Organización Escolar Carlos Rosales, versa sobre la intervención de la universidad en la promoción de la salud de sus estudiantes. La prevención y la promoción de la salud son temas que atraen mi interés, pero a mí me gustaría poder trabajar en algo relacionado con los universitarios.

-¿Por qué?

-Porque, a mi entender, constituyen un colectivo con grandes potencialidades.

-A modo de curiosidad, ¿su experiencia como voluntaria de la USC influyó en la elección del tema que aborda en su tesis doctoral?

-Sí ha influido, sobre todo la experiencia de colaboración que tuve con toxicómanos. Eso creo que fue el germen inicial de mi elección, aunque después de esa etapa realicé varios cursos y otras actividades relacionadas.

Esta entrevista foi publicada o mércores, 15 de decembro de 2004, no suplemento Campus de El Progreso