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Félix Vidal Costa, catedrático de Física de la Materia Condensada de la USC

"La relación calidad precio de las investigaciones que hace nuestra Universidad es muy positiva"

Félix Vidal Costa
Félix Vidal Costa
  • Ignacio Rodríguez

El catedrático de Física de la Materia Condensada de la Universidad de Santiago de Compostela, Félix Vidal Costa, que recibió el Premio Nacional de Investigación Científica Santiago Ramón y Cajal, sostiene que la pérdida relativa del interés de los jóvenes por la ciencia es un fenómeno sociológico complejo.

El 2005, declarado por la Unesco como Año Mundial de la Física, llegó ya a su fin. ¿Sirvieron para algo los actos organizados con este motivo?
Creo que esos actos sirvieron para ayudar a concienciar a la sociedad en general y a los poderes públicos en particular del papel central que ha jugado y que seguirá jugando la Física en el bienestar de nuestras sociedades. Centrándonos en España, los actos celebrados contribuyeron en alguna medida a mitigar la todavía considerable falta de interés por la ciencia que existe en nuestro país.


¿Se definieron al menos los retos que aguardan a la Física en los comienzos del tercer milenio?
En España en general y en Galicia en particular existen varios retos genéricos bien conocidos sobre los que se ha incidido en las celebraciones del Año Mundial de la Física. Por ejemplo, intentar disminuir la todavía apreciable distancia que nos separa en no pocos temas, cuantitativa y cualitativamente, de la ciencia que se está desarrollando en los países más avanzados científicamente. Otro reto importante es relacionar más y mejor la ciencia básica de excelencia con la tecnología y la innovación. En cuanto a retos temáticos concretos, es conveniente empezar recordando una frase jocosa que se le atribuye al gran físico de principios del siglo pasado, Niels Bohr: “Hacer predicciones es muy difícil, sobre todo del futuro”. Sin embargo, por citar un tema concreto, uno de los retos que están planteados en Física desde hace muchos años pero que ahora se está pudiendo abordar con más herramientas experimentales y teóricas es el de la complejidad (“más es diferente”), en particular en dimensiones “reducidas” (“nanocosas”).


La Física es una disciplina científica que no parece estar entre las preferencias de los estudiantes que inician su andadura universitaria. ¿A qué factores atribuye el escaso o, cuando menos, moderado reclamo que halla esta titulación entre los universitarios?
En esto España no es diferente, pero está algo “decalada” en el tiempo. Lo que está pasando en España en los últimos cinco o diez años ya empezó a ocurrir en los países más desarrollados científica y económicamente (ambas cosas suelen ir juntas) hace quince o veinte años. La pérdida relativa del interés de los jóvenes por la ciencia es un fenómeno sociológico complejo, al que efectivamente contribuyen muchos factores económicos y culturales. Por ejemplo, en las sociedades que están en proceso de enriquecimiento ganar dinero pasa a ser una prioridad individual, y los científicos no suelen hacerse ricos. Este proceso es más dramático en España, que ha progresado considerablemente sin haber hecho mucha ciencia ni tecnología (lo que augura dificultades para hacer sostenible ese progreso…). En cuanto a la Física, a este proceso de “desafección” de los jóvenes contribuye el que otras áreas científicas (en especial las “ciencias de la vida”) alcanza más protagonismo social y mediático desde hace ya bastantes años.


Usted apuntó hace ya tiempo que uno de los problemas detectados en el área de las ciencias viene dado por la falta de interacción entre los grupos de investigación y las empresas. ¿Varió esta realidad en los últimos años?
Sin duda ha habido mejoras puntuales apreciables incluso en Galicia, pero este es un problema “cultural” que no se puede resolver en unos pocos años. Sin embargo, es ya un paso importante el que tanto los investigadores del sector público (la mayoría en España y en Galicia) como los empresarios y los poderes públicos se hayan concienciado de la importancia crucial de dicha interacción para unos y otros y para el país en general. Y debo decir aquí que la Universidad de Santiago lleva ya años implementando acciones innovadoras para estimular esas transferencias de conocimiento.


En el caso de la Universidade de Santiago, las investigaciones de los distintos equipos de trabajo pretenden responder a problemas reales?
En Ciencia es “real” todo problema que es interesante, ya sea del punto de vista del conocimiento básico (que seguramente terminará teniendo aplicaciones a más o menos largo plazo) o bien por sus aplicaciones a corto plazo. Con este criterio, sí creo que la mayor parte de la investigación que se realiza en la Universidad de Santiago se ocupa de problemas “reales” y que su relación “calidad/precio” es muy positiva.


Ciencia básica o aplicada, ¿cuál precisa más la sociedad?
Las dos son necesarias y suelen estar estrechamente interrelacionadas. De hecho, a esta pregunta se responde algunas veces que la ciencia de excelencia es siempre, antes o después, “aplicable”. Lo que es realmente importante para la sociedad es que se pueda hacer todo el recorrido Ciencia- Tecnología-InnovaciónIndustria.


Sus trabajos, sin embargo, abordan temas punteros: superconductores a bajas temperaturas, termometría acústica, hidrodinámica de superfluidos... ¿Por qué optó por estas líneas de investigación?
Inicialmente por su gran interés en ciencia básica, pero también por su posible interés tecnológico. Es el caso de los superconductores, sobre los que se centran actualmente nuestros esfuerzos. Algunas de sus aplicaciones tecnológicas son ya una realidad desde hace tiempo. Un ejemplo son las bobinas superconductoras que crean los campos magnéticos de los aparatos de Resonancia Magnética Nuclear, tan útiles para muchos diagnósticos médicos.


¿Y se traducen luego en aplicaciones prácticas?
En nuestro grupo estamos intentando desde hace años relacionar la ciencia mas básica de los superconductores con una de sus aplicaciones tecnológicas mas prometedoras: los fusibles superconductores “inteligentes”, tema que nos financia en buena medida una compañía industrial, Unión Fenosa. Ya hemos conseguido hacer el recorrido que va desde las publicaciones científicas de excelencia hasta las patentes, pero queda todavía mucho por hacer hasta poner esos fusibles en el mercado.


Usted, que fue distinguido con el Premio Nacional de Investigación Científica Santiago Ramón y Cajal, ¿cómo definiría la situación actual de la ciencia en España?
Se ha progresado considerablemente en ciencia básica pero mucho menos en conectarla con la Tecnología y la Innovación. Pero, para no impacientarse, hay que ser consciente de que se trata de cambios “culturales”, que casi siempre son lentos.


¿Sería lícito hablar de una etapa pujante?
Quizás sería más adecuado hablar de una etapa prometedora.


¿Qué medidas arbitraría para evitar la fuga de cerebros de nuestro país?
Mas que “fuga de cerebros”, lo que no existe todavía es un adecuado tejido investigador y tecnológico que permita una mejor reincorporación de nuestros jóvenes doctores que amplían su formación fuera de España. Que pasen unos años “post- doctorales” trabajando en laboratorios de excelencia en el extranjero es muy positivo. Lo que es un lamentable derroche de capital humano, particularmente dramático para Galicia, es que no seamos después capaces de reincorporarlos adecuadamente.


¿Y para favorecer su regreso?
Ya se han implementado algunos mecanismos muy válidos, como los contratos Ramón y Cajal, y a nivel gallego los contratos Parga Pondal. Pero queda mucho por hacer, empezando por dar estabilidad a la gran mayoría de esos excelentes jóvenes investigadores, en particular creando plazas permanentes de investigación en nuestras Universidades. También habría que estimular más la incorporación de doctores en las empresas.


El éxito de las investigaciones depende en buena medida de los recursos financieros disponibles, pero ¿garante el dinero por sí mismo la existencia de una comunidad científica activa y de calidad?
La buena financiación es uno de los ingredientes necesarios, pero no es suficiente. Se necesita un tejido investigador y tecnológico capaz de rentabilizarla. Pero incluso con el tejido científico actual sería muy rentable aumentar los recursos que ya existen, en particular incentivando los grupos de excelencia, mejorando sus infraestructuras experimentales, financiando la contratación de personal técnico e incentivando también las interacciones y sinergias con otros grupos y con la industria. A su vez, los científicos hacemos grandes esfuerzos para “vender” la investigación científica puntera y de excelencia, y no sólo a las administraciones públicas sino también al sector industrial privado.

 
 

Entrevista publicada no suplemento Campus do xornal El Progreso, o mércores 25 de xaneiro de 2006