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Ángel Luis Hueso*

"La crisis del cine es una constante, pues siempre está en efervescencia"

Ángel Luis Hueso
Ángel Luis Hueso

El cine está considerado como el séptimo arte, por ello no puede resultar extraño que, desde que dejó de ser un mero entretenimiento, haya traspasado las puertas de la USC para entrar en la facultad de Historia del Arte. Ángel Luis Hueso ha sido el primer titular que tuvo la Universidade de Santiago de Compostela en este área.

¿Cómo llegó a ello?
Nací en Madrid y estudié en la Universidad Complutense lo que entonces se llamaba Filosofía y Letras, sección de Historia. Mi afición por el cine fue hereditaria, pues mi padre estaba vinculado y colaboraba haciendo fichas con calificaciones morales pero, además, tenía una buena biblioteca cinematográfica. Yo empecé a leer en ella, recuerdo que por la Historia del cine de Henry Agel. Me gustaba mucho la Historia Contemporánea y pensé que el cine podía estar relacionado con ese mundo que me interesaba.

¿Y la especialidad?
Surgió entre la licenciatura y el doctorado. Me licencié con una tesina sobre la desamortización de la diócesis de Segorbe porque en aquel momento se valoraban mucho los estudios de historia económica. Después le dije al catedrático con el que trabajaba, Antonio Romeu de Armas, que la tesis doctoral la iba a hacer de el cine como fuente histórica del siglo XX. En Valladolid me diplomé en cinematografía y cuando salió la primera plaza de Historia del Cine dentro de la Facultade de Historia del Arte de Santiago opté a ella y estoy aquí desde 1979, primero como profesor adjunto de Historia del Cine y otros medios Audiovisuales y, desde 1990, como titular de Cine Sonoro, compartiendo con la asignatura de Cine Mudo que lleva mi compañero José Ramón Folgar.

¿Cómo admiten los alumnos el estudio de la historia del cine?
Son gente muy joven y están muy acostumbrados al mundo de la imagen, a ver cine. Claro que hay verdaderos cinéfilos y otros que sólo lo tenían como entretenimiento. Yo trato de explicarles su contexto social, sus condiciones económicas y su contenido político, todo ello dentro de un punto de vista social en el cual todas las implicaciones tienen un carácter cultural.

¿Y cómo plantea usted las clases?
Selecciono temas monográficos que se reparten durante el curso procurando dejar para el último mes ese cine que se esta viendo, por el que cada uno paga su entrada. También explico las grandes multinacionales y las formas de consumo alternativas como la televisión y el DVD. Hemos mejorado mucho en la visión de las películas porque cuando llegué a Santiago en el 79 teníamos que proyectarlas en 16 milímetros o en super-8 y no estaba todo editado. Ahora en clase se proyecta en DVD y si explico, por ejemplo, a Hitchkock, ven una película comentada, pero pueden sacar todas las demás de la biblioteca.

¿El cine esta en crisis?
Por supuesto, pero eso es una constante. Cuando en 1995 se celebró su centenario me pidieron el título de una conferencia y le puse El cine, la crisis permanente. Pero eso no es malo. El que exista es que hay una efervescencia, un constante choque de tendencias. Posiblemente la crisis de dentro de 20 años será porque se consuma de una manera distinta a la actual.

¿No cree que en España y en general en toda Europa, hay un dominio aplastante del cine norteamericano, no siempre de calidad?
Por supuesto, porque las productoras para vender, por ejemplo, una película de Spielberg, la acompaña de un lote de veinte o treinta mediocres algo que, curiosamente, en los Estados Unidos está prohibido por sentencia del proceso Paramount por el que se obliga a desmembrar en distintas empresas la producción, distribución y exhibición y se prohíbe la venta por lotes. El juez que sentenció dijo que la película de cabecera se perdía porque se difuminaba entre todas. Pero eso que allí les vetan, lo imponen en casi todo el mundo, sobre todo desde los años 70 en que se transformaron las productoras en grandes multinacionales.

¿Y las cuotas de pantalla?
Creo que la única que defiende bien su cine es Francia donde alcanza cerca del 40 por ciento, pero, en los demás países, cuando se llega al 18 es un éxito. Además, desde la entrada de España en la Unión Europea, esa cuota se puede cubrir por películas de cualquiera de los países comunitarios. Y si un año no hay dos o tres éxitos grandes como Los lunes al sol, Mar adentro o, incluso, Torrente, nuestra cuota puede bajar al 10 por ciento.

¿Considera entonces que tiene que haber un cierto proteccionismo oficial?
El que hay, debe mantenerse y vigilarse para restablecer límites a la presión de las multinacionales norteamericanas y, además, para evitar que las películas españolas se pasen todas coincidiendo con el mundial de fútbol, o en televisión en horarios intempestivos.

¿Cómo ve usted el cine gallego?
Hay que distinguir entre películas que vienen buscando el paisaje como si fuera un plató más, y otras que llevan el espíritu. Las primeras pueden admitirse porque divulgan nuestras bellezas y, si utilizan técnicos e incluso actores secundarios de Galicia, mejor. Las segundas, unas veces producidas en Galicia y otras fuera, son las que llevan impregnado nuestro espíritu, que no tiene que ser la vida de un paisano de la Terra Chá, sino temas tan actuales, e incluso urbanos, como Los lunes al sol, La lengua de las mariposas, Mar adentro, O lápiz do carpinteiro o históricas como Romasanta, que reflejan un mundo muy cercano. Creo que Sempre Xonxa, de Chano Piñeiro, lo más gallego que tiene no es la aldea, sino el puerto de Vigo con la salida de los emigrantes.

¿Dónde está el éxito de una película?
En el equilibrio entre el guión y la dirección. El guión es fundamental, y luego, al margen de los actores, hay otros elementos importantes que pasan casi de­sapercibidos como el director de fotografía, el montador o el músico. En realidad, el cine es un arte compartido y todos tienen que contribuir para conseguir un buen resultado. Ni siquiera Chaplin pudo hacer un cine sin contar con colaboradores: No puede haber un protagonista.

¿Qué piensa del cortometraje?
Es una faceta de aprendizaje, pues su financiación es más sencilla, pero su salida al mercado solamente se la veo si las televisiones se deciden a emitir algunos bloques con dos o tres películas, porque de no ser así, se limitan a ir de festival en festival, pero no pueden llegar a los cines. Y conste que siendo jurado en festivales he visto muchas obras llenas de creatividad.

El trabajo de animación
En Galicia, últimamente, ha crecido de manera muy importante el cine de animación y prueba de ello es que los Goyas de los últimos años se los han repartido entre Dygra, de A Coruña y Bren, de Santiago. Ahora también se une Continental, con una película que va a dibujar y dirigir Miguelanxo Prado. Cree Ángel Luis Hueso que es una de las muestras más claras de creatividad en el lenguaje, “porque hay que trabajar con elementos muy completos como la marioneta, el dibujo convencional o el diseño por ordenador. Tiene un gran nivel de creatividad y creo que, para apreciarlo con más amplitud, hay que convencer al espectador de que no se trata de cine exclusivamente para niños, sino que también puede ser muy apreciado por los adultos”

*Ángel Luis Hueso nacido en Madrid y gallego de adopción, Ángel Luis Hueso fue vicerrector de Comunicación y Proyección Exterior de la USC con el rector Senén Barro. Está en posesión de numerosos premios, entre ellos, el del Círculo de Escritores Cinematográficos por su labor literaria y docente. Además, el pasado año recibió la insignia de Oro de la Universidade compostelana

Entrevista publicada no xornal El Correo Gallego do 21 de marzo de 2006