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Carlos Pajares Vales: El estado de la ciencia


Una de las prioridades de los Gobiernos de España y de Galicia es la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i). La prestigiosa revista Nature a finales de febrero se preguntaba si en España se estaba en una era de plata de la investigación debido al esfuerzo económico realizado en los últimos años. El presidente de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño, en múltiples ocasiones ha resaltado la necesidad de dar un salto en I+D+i, convencido de que Galicia no puede competir en mano de obra barata con los países de Europa del Este y de Asia, y que sólo poniendo valor añadido a nuestros productos, mediante investigación e innovación, Galicia podrá afrontar su futuro.

Este convencimiento se está plasmando en los Presupuestos de la Xunta, que registran aumentos considerables y con políticas plasmadas en el plan gallego de I+D+i, así como en un aprovechamiento de las políticas de distribución territorial de la investigación diseñadas por el Gobierno central, que van a permitir la implantación de varios centros de referencia en Galicia.

Uno de los problemas de la investigación en Galicia es el escaso peso del sector privado, que se sitúa por debajo del ya escaso peso español y europeo. Las universidades gallegas desde la década de los ochenta han hecho esfuerzos encomiables tendentes a potenciar las relaciones con empresas, pero, a pesar de esto, la implicación empresarial es pequeña. Por eso, uno de los objetivos de cualquier política sensata debe ser el aumento del sector empresarial, potenciando y facilitando todas las posibles relaciones entre centros de investigación en el sector empresarial y priorizando las líneas de investigación que tienen relación directa con el sector productivo gallego.

Sin embargo, algunas veces se puede hacer el siguiente razonamiento: dado que los esfuerzos deben dirigirse a los sectores productivos, no pongamos énfasis en la ciencia básica, que ya ha alcanzado un nivel aceptable. Este razonamiento se contrapone con la realidad, que muestra que históricamente no existen sociedades en las que desarrollo económico y ciencia puedan existir aisladas, prescindiendo una de otra. Por esa razón, es conveniente preguntarse si Galicia puede ser una excepción y tener una buena ciencia a pesar de la debilidad del sector innovador empresarial.

La pregunta se debe contestar con datos contrastables y fiables, y no con apreciaciones en las que los deseos y las autocomplacencias pueden enmascarar la realidad. El Informe Thomson, realizado por un reconocido instituto bibliográfico americano, analizaba el impacto de las publicaciones científico-técnicas de la Universidad de Santiago de Compostela, medidas en el número de veces que eran citadas en comparación con la media mundial y con los correspondientes índices de España y de otros países europeos: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Consejo francés de Investigación Científica (CNRS) y los institutos Max Planck de Alemania.

Los resultados del estudio no incluyen áreas de investigación que cuentan con un número pequeño de datos para ser significativas en el análisis. Y tampoco incluyen las actividades de las universidades de A Coruña y Vigo, aunque no es de esperar que tuviesen resultados mejores en muchas áreas. Los datos del informe revelan que sólo un área está por encima de la media mundial y otra, por encima de la española y europea.

Los datos del estudio están referidos a 2003 y desde entonces no hay duda de que la situación de la investigación ha mejorado. Pero, en cualquier caso, Galicia, que aportó poco al progreso del conocimiento científico del mundo en el pasado siglo XX, no debe resignarse a que la situación continúe en el siglo XXI. Competir en el ámbito científico no es más fácil que competir empresarialmente. El apoyo a la Ciencia con ideas claras es fundamental para el progreso económico y cultural de Galicia.

Carlos Pajares Vales:

Catedrático da USC. Este artigo foi publicado no xornal "El País", o día 15 de abril de 2008