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Darío Villanueva Prieto : Calidad y pertinencia


Concluida por AQU Catalunya la evaluación de los Programas Oficiales de Posgrado (POP) para su implantación en el curso 2007-2008, sigo pensando que una de las propuestas más influyentes en las políticas universitarias de los últimos lustros fue la expuesta en el Documento de Política para el Cambio y el Desarrollo en la Educación Superior que en 1995 publicó la UNESCO, entonces dirigida por un antiguo rector de Granada, Federico Mayor Zaragoza.

Se proponían allí tres criterios fundamentales para el desarrollo de este sector vital para el futuro de las sociedades y el progreso de la humanidad: pertinencia, calidad e internacionalización.

En relación con esta última, no pasarían ni cinco años antes de que los países miembros de la Unión Europea acordasen en Bolonia la concurrencia de sus sistemas universitarios como un eslabón imprescindible para el logro cabal de aquella utopía razonable que, a poco del final de la segunda gran guerra, soñaba con la unidad.

La actual transformación de nuestros programas de estudios y la evaluación de su calidad no es sino una consecuencia más de aquellos acuerdos. Cuando concluía en España un largo periodo de más de veinte años dedicados a extender sobremanera la oferta universitaria y se consumaba también la transferencia competencial de la educación superior a las comunidades autónomas, el nuevo impulso de la internacionalización europea nos llevaba a replantear la estructura de nuestros títulos al tiempo que la calidad se convertía en el eje de un nuevo ciclo, ya no expansivo como el anterior, sino fundamentalmente intensivo y cualificador.

Lo que el documento de la UNESCO proponía como objetivo, la participación activa de los profesores y responsables académicos en la evaluación y el incremento de la calidad de la enseñanza superior, puede acreditarse que hoy es ya una realidad en marcha. El propio proceso con los POP concluidos permite ahora apreciar el logro de una razonable madurez en la actuación de todos sus agentes, nada extraño habida cuenta de que se trata ya del segundo programa desarrollado desde AQU Catalunya, una agencia pionera, con diez años cumplidos de actividad a sus espaldas, entre las que ahora constituyen la REACU. Y si se me preguntara acerca del problema fundamental que agencias, universidades, administración educativa, responsables académicos, evaluadores y profesores deben seguir afrontando para que todos sus esfuerzos redunden en calidad efectiva, mi respuesta señalaría la lucha contra la burocratización de los procesos, un riesgo que siempre amenaza y se incrementa en la medida en que la institucionalización de las políticas y la consolidación de los procedimientos ad hoc pueden alejar la virtualidad de lo escrito de la realidad de los hechos.

De todos modos, en este momento lo que más atrae mi interés es el tercero de los vectores apuntados por la UNESCO: la pertinencia. Una vez que la calidad de los docentes, de los programas, de las infraestructuras y de la gestión universitaria —sin olvidar la extensión de la misma exigencia a los propios estudiantes— es objeto de una evaluación dotada de credibilidad y susceptible de incidir positivamente en mejoras, se plantea también el reto de incrementar la pertinencia de nuestra educación superior. Se trata, en definitiva, de lograr su mejor adaptación a las necesidades de la sociedad del conocimiento sin perder nunca de vista, no obstante, la universalidad de los saberes ni el criterio primordial de la calidad.

Evaluando este último aspecto en el marco de un sistema universitario como el de cualquiera de las comunidades autónomas del Estado español, hay momentos en los que se aprecia con toda justeza cómo, por caso, la dispersión minifundista de unos mismos estudios no sólo disminuye su calidad, sino que pone en entredicho la pertinencia de su mantenimiento en orden al interés público. Después de ocho años de brega como rector, no me considero tibio o dubitativo en cuanto a la defensa de la autonomía universitaria; pero no me duelen prendas en afirmar que, a través de organismos de interlocución como AQU Catalunya, todas y cada una de las universidades y los responsables políticos de los que éstas dependen pueden, y quizá deben también, abordar los problemas de pertinencia que nos plantea el desarrollo de nuestros sistemas de enseñanza superior, la convergencia europea y los retos de una calidad contrastada con la de nuestros pares internacionales.

* Darío Villanueva Prieto é Catedrático da Universidade de Santiago de Compostela e presidente da Comisión Específica para a Avaliación de Titulacións e Programas da Axencia para a Calidade do Sistema Universitario de Cataluña (AQU Catalunya)

** Artigo publicado na sección de Opinión de AQU NOTÍCIES, da Axencia para a Calidade do Sistema Universitario de Cataluña