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Andrés Pastrana Arango: Intervención na inauguración do programa de bolsas "LIDER" 2006 da Fundación Carolina de España


Señora doña Rosa Conde Gutiérrez del Álamo. Directora de la Fundación Carolina;
Don Íñigo Sáenz de Miera, Director Ejecutivo del Programa;
Directivos y funcionarios de la Fundación Carolina y de otras entidades patrocinadoras del programa;
Queridos jóvenes profesionales de España, Portugal e Iberoamérica:

No saben con cuánta emoción he venido hoy a Madrid desde Washington, donde actualmente me desempeño como Embajador de mi país ante los Estados Unidos de América, para acompañar esta inauguración de Ias Becas Líder de la Fundación Carolina, un programa tan cercano a mi corazón.
 
Agradezco a la Fundación, y muy especialmente a su directora, doña Rosa Conde, y a Iñigo Sáenz, Director Ejecutivo del Programa de Becas Líder, por su amable invitación a compartir una vez más con 60 promisorios y jóvenes profesionales de Iberoamérica, España y Portugal.
 
Acompañé como Director tres de las cinco ediciones del programa de Becas Líder, y hoy me siento muy feliz al poder regresar, esta vez como conferencista, para compartir de nuevo con quienes representan el futuro de 21 naciones hermanadas en sus orígenes, cultura y tradiciones, y también en sus retos hacia el futuro.
 
Un Fin de Siglo Equivocado.
Hace poco más de seis años, el 31 de diciembre de 1999, a las doce en punto de la noche, la humanidad entera se fundió en un jubiloso abrazo y los cielos se iluminaron, desde la China hasta Finlandia, desde la Patagonia hasta Groenlandia, desde Australia hasta México, con las luces multicolores de los fuegos artificiales. Todos queríamos celebrar. Todos queríamos imaginar que el futuro sería distinto, casi mágico, el arribar el año 2000. Pero comenzamos mal, porque partimos de un supuesto equivocado. En la era de las computadoras y la Internet nadie quiso atender las razones de los matemáticos y celebramos la llegada del tercer milenio ¡un año antes de que comenzara!
 
Cuando llegó el momento en que de verdad pasamos al tercer milenio, es decir, la medianoche entre el 31 de diciembre del año 2000 y el 1° de enero del 2001, no hubo celebraciones grandiosas, ni se incendiaron los cielos, ni nos llenamos de augurios fabulosos. Fue una fiesta de año nuevo tranquila y sin efervescencia, una fiesta sencilla como la de un año cualquiera.
 
Así el tercer milenio, como un ladrón furtivo, irrumpió en nuestras vidas con atraso y muy calladamente, para cambiarlo todo o, tal vez, -a veces me temo-, para no cambiar nada.
 
Pero ¿qué importa ahora esta confusión planetaria? Lo cierto es que ustedes, los jóvenes del mundo, tuvieron la fortuna de convertirse en habitantes del tiempo en dos milenios diferentes y son testigos y también protagonistas de una nueva encrucijada de la humanidad.
 
¿Es el mundo distinto en este tercer milenio? ¿Son nuestras perspectivas mejores o peores? ¿Son distintos los desafíos? Cuando pronuncio estas palabras tengo que hablar de guerra, de miedo, de dolor, de miseria y de hambre, porque estos problemas siguen vigentes, con toda su descarnada realidad, en el mundo de hoy.
 
Si hubiera escrito estas palabras hace mil años, a comienzos del segundo milenio, también hubiera tenido que hablar de guerras y expansiones militares, como las suscitadas por la dinastía Song en China, por los Capetos en Francia o por los Toltecas en México. Si hubiera escrito esto hace mil años hubiera tenido que decir que la inmensa mayoría de la humanidad vive en estado de necesidad, que pasan hambre, que las cosechas no alcanzan, que la guerra se lleva los recursos de los pobres, que casi nadie sabe leer ni escribir y que los pueblos se atacan entre sí para defender los intereses de sus señores, propagando el odio y las divisiones.
 
Pero no estamos ya en la Edad Media. ¡Estamos en el tercer milenio de la era cristiana! Todo tendría que ser distinto, y en cierta forma lo es: vivimos en un mundo globalizado, con inmensos adelantos tecnológicos, y en una sociedad llena de información y de posibilidades materiales. Pero estos avances no hacen más que incrementar la paradoja de los tiempos. Porque mil años después, cuando el hombre ya ha pisado la Luna, ascendido las altas cimas y explorado el fondo del mar, cuando la Internet nos da acceso a una fuente casi infinita de recursos, seguimos siendo extraños entre nosotros, seguimos fomentando divisiones y odios, seguimos sufriendo las consecuencias de la intolerancia.
 
Ya no se trata de la dinastía Song, ni de los Capetos, ni de los Toltecas, pero aún los poderosos imponen su ley y su voluntad. Ahora la mayoría sabe leer o escribir, pero seguimos viendo niños en el África, en Asia, en América Latina, que mueren de hambre ante la impotencia o la indiferencia del mundo desarrollado. Los hombres persiguen todavía a quien piensa diferente, a quien tiene distinta ideología, a quien pertenece a otra etnia u otra cultura, sin haber aprendido la lección que la historia nos enseñó con sangre.
 
iEse es el reto, amigos becarios! ¡Ese es el desafío que se presenta a la juventud en estos primeros años del Tercer Milenio! No está en nuestras manos cambiar el panorama mundial, pero sí está en nuestras manos cambiar nuestra propia actitud y comenzar a generar una cadena de transformaciones a nuestro alrededor, para
que no pasen otros mil años sin que cambie lo fundamental.
 
Tenemos que construir una verdadera revolución: ¡la revolución del espíritu! Ser joven es ser deliberante. Ser joven es cuestionar lo establecido para buscar siempre mejores horizontes. Ser joven hoy es un llamado a trascender lo individual, el simple camino trillado de buscar fortuna y bienestar, para buscar los más altos ideales y la más grande justicia.
 
Si no se es joven para aportar y para generar cambios, ¿entonces para qué? No están acá para repetir esquemas, sino para mejorar el mundo, partiendo de su entorno. Así lo entendieron los universitarios que se levantaron en la década del sesenta, como un solo cuerpo, para protestar contra la guerra de Vietnam, contra los atropellos soviéticos en Checoslovaquia y contra la uniformidad del pensamiento.
 
¡Ustedes también pueden, y deben, ser factores de cambio! Tenemos que partir de esa dura verdad que nos revela la historia: el peor error del ser humano es caer en la violencia y en la intolerancia. Por eso no hemos avanzado como humanidad lo que deberíamos. Por eso, a pesar de los adelantos científicos, en muchos sentidos seguimos viviendo en la Edad Media.
 
¡Tolerancia! Ese es el camino y ese debería ser el emblema de la nueva juventud del planeta. ¡Tolerancia en todos los sentidos y en todos los campos! Apertura hacia el diferente para construir desde la diversidad y no destruir desde la exclusión.
 
Yo les pregunto, amigos becarios: Cuando vamos al estadio, ¿somos tolerantes con los miembros del equipo contrario? En las escuelas y universidades, ¿somos tolerantes con el que piensa, viste o actúa diferente a nosotros? Frente a los extranjeros, ¿somos tolerantes? Frente a qUienes tienen distintas ideas, inclinaciones sexuales, religiones o raza, ¿somos tolerantes?
 
Llegó el momento de preguntarnos esto con verdadera sinceridad, porque si no lo somos estamos condenados a repetir los errores de nuestros mayores y de nuestros antepasados. Si no nos abrimos al otro, si insistimos en atacarlo, estaremos perpetuando las costumbres tribales de los cavernícolas, negando nuestra modernidad y alimentando las razones para la guerra y la pobreza. Tenemos que cambiar para progresar, y el cambio comienza por una sola palabra: Tolerancia.
 
Hagamos nuestra la valiente frase del pensador francés Voltaire: “Puede que no esté de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo".
 
Estimados amigas y amigos:
Hace un año, quien dictó la conferencia inaugural del programa de becas líder fue el ex Presidente de Uruguay, y buen amigo mío, Julio María Sanguinetti, de quien quisiera citar una reflexión que expresó en una reunión del Círculo de Montevideo, refiriéndose a los derechos y deberes que implica la condición de ciudadano.
 
Dichos deberes, -cito-, "empiezan por estar cerca de los temas de su país, para no ser conquistados por los fundamentalismos, los facilismos y todas esas expresiones de irracionalidad y demagogia que tanto daño nos han hecho".
 
Yo quisiera invitarlos hoy, como jóvenes profesionales de países que hoy tienen instituciones democráticas y luchan por preservarlas y consolidarlas, a reflexionar sobre esta alerta del presidente Sanguinetti, evitando, a toda costa, la tentación de “los fundamentalismos, los facilismos y la demagogia”.
 
La Defensa de la Democracia.
La consolidación de la democracia en España, Portugal e Iberoamérica ha sido la gran conquista de nuestras naciones en el siglo XX y hoy nuestro compromiso se debe centrar en su fortalecimiento y profundización para que sus postulados se conviertan en letra viva y posibiliten un control ciudadano efectivo en las decisiones de poder.
 
Pero la democracia en nuestros países, particularmente en América latina, presenta hoy claros y oscuros que hoy me gustaría analizar con ustedes.
 
Como una muestra de los avances obtenidos, quisiera resaltar el caso de Colombia. Donde el pasado 28 de mayo el Presidente Álvaro Uribe recibió un claro mandato de los ciudadanos colombianos para su segundo periodo consecutivo.
 
De esta reciente elección en Colombia, y de más reciente proceso electoral en el Perú, se pueden derivar dos conclusiones de especial relevancia para la región:
 
La primera es que, -así le pese a muchos analistas que quisieran poder decir lo contrario-, en América latina sí es posible tener estrechos vínculos de cooperación, incluso relaciones estratégicas, con los Estados Unidos y a mismo tiempo ganar las elecciones.
En otras palabras, un discurso que favorezca una positiva relación con Washington, -sin sacrificar por el o las relaciones con Europa y los vecinos latinoamericanos-, es susceptible de cautivar el electorado en nuestros países. Ello derrumba el mito de los beneficios electorales del discurso “anti-estadounidense" o “antiyanqui" que algunos líderes latinoamericanos pretender postular como una falsa base de unión latinoamericana.
 
La segunda conclusión es que no sólo los candidatos populistas están ganando las elecciones en la región, como llegó a temerse. También lo están haciendo los partidos de centro con el claro compromiso de fortalecer la democracia, superar la pobreza y brindar un mayor desarrollo económico acudiendo a fórmulas responsables.
 
Mirando el caso de Colombia, hoy podemos ver cómo su solidez democrática y seriedad en el manejo económico le confieren cada vez más un rol estratégico en América Latina. Colombia -a pesar del embate del narcotráfico que nos ha golpeado fuertemente en las últimas dos décadas- es una fuente de estabilidad regional por su compromiso con la promoción y protección de la democracia y los derechos humanos, y es también una fuente de seguridad por su decisión frontal de combatir el narcotráfico, e terrorismo y el tráfico de armas, problemas todos de carácter global.
 
En cuanto a la región, hay quienes afirman -mirando únicamente el vaso medio vacío- que el modelo de desarrollo que intentamos en América Latina durante las últimas dos décadas, basado en políticas responsables de austeridad y de promoción del mercado, ha fracasado, y citan como prueba las cifras de pobreza que todavía nos agobian. Ellos proponen un supuesto modelo "progresista” o “social” basado en la distribución generosa de recursos entre los más pobres. Sin embargo, dicho pretendido modelo no es en realidad un modelo sino tan sólo una coyuntura alcanzada por los altos precios internacionales de productos estratégicos como el petróleo.
 
Aquí es donde toca estar atentos, estimados becarios, frente al riesgo del "facilismo" al que me refería antes. Es fácil girar cheques con la cuenta llena, pero muchos de esos cheques corren el riesgo de ser girados contra el futuro. Un gasto público desmesurado basado en los altos precios del petróleo puede llevar a caídas calamitosas en el futuro y puede golpear gravemente la infraestructura productiva de un país. Esa es la que se conoce en los textos de historia económica como la enfermedad holandesa, que sólo se evita con medidas prudentes y responsables. Tan sólo unos pocos Estados árabes pueden darse el lujo de depender exclusivamente de sus recursos energéticos, gracias a que la proporción entre dichos recursos y su población es infinitamente grande. Infortunadamente, esta situación no se replica de la misma manera en otros países con distintas circunstancias.
 
Los países ricos en hidrocarburos, al momento de manejar las bonanzas, no deben olvidar las duras lecciones que dejó la dura crisis de comienzos de los setenta. Las bonanzas deben servir para fortalecer las instituciones y afianzar la democracia. De lo contrario, se corre el riesgo de confirmar la tesis que propone el analista Thomas Friedman en un reciente artículo publicado en Foreign Policy, según la cual el precio del petróleo y la libertad avanzan siempre en direcciones opuestas.
 
De mi parte, en cuanto al desarrollo social en América Latina, yo veo el vaso medio lleno. En efecto, nadie niega que tengamos problemas grandes de pobreza que combatimos día tras día. Pero tampoco puede ocultarse que hemos avanzado mucho y hemos construido instituciones democráticas y sociales con buenos resultados para la población.
 
Para hablar nuevamente del ejemplo más cercano para mí, que es Colombia, hoy podemos decir que hemos pasado, en apenas década y media, de una cobertura educativa básica del 50% de nuestros niños a más del 90%, y de una cobertura de salud para los más pobres del 35% a más del 70%. Resultados similares pueden
comprobarse en otros países de la región. Sin duda, el modelo de la responsabilidad, con sentido social, es el único que puede llevamos definitivamente al desarrollo.
 
Ahora bien, con gobiernos denominados de izquierda en Brasil, Argentina, Venezuela y Uruguay, y después de las elecciones presidenciales en Chile y Bolivia, muchos analistas hablaron de un "giro hacia la izquierda" en América Latina. Incluso, en una intervención reciente ante la Organización de Estados Americanos, mi buen amigo Fernando Henrique Cardoso, ex Presidente del Brasil, advirtió que en la región se puede estar gestando un "retorno del populismo", fenómeno que, para él, representa la negación misma de la democracia.
 
El Premio Nóbel de la Paz y Presidente de Costa Rica, Oscar Arias, sostiene, por su parte, que, en lugar del pretendido "giro a la izquierda" en realidad la tendencia en la región es hacia una mayor moderación política, es decir un giro hacia el centro, tan alejado de los cambios radicales que proponían los movimientos de izquierda
hace 20 años, en plena Guerra Fría, como de los gobiernos autoritarios que llegaban al poder por la vía de los golpes de Estado.
 
Yo comparto esta opinión. Ejemplos como Chile y Brasil dan cuenta de una izquierda responsable con el futuro de sus ciudadanos. Otros como Colombia y Perú, y gran parte de los países centroamericanos, muestran que las posiciones de centro, alejadas de cualquier extremismo, también tienen, por fortuna, cabida en América Latina.
 
De cualquier forma, es importante subrayar que los cambios políticos en América Latina se han registrado en todos los casos dentro de la institucionalidad democrática, lo que nos permite concluir que las sociedades de nuestros países están dando muestras de una madurez política que no tiene nada que envidiarle a otras regiones del mundo.
 
Yo diría, para terminar este análisis de las tendencias políticas en la región latinoamericana, que es bueno y absolutamente saludable que las diversas tendencias políticas tengan presencia en nuestros países. Lo realmente importante es que vengan respaldadas por procesos democráticos transparentes y que no avalen comportamientos irresponsables al interior de los países (populismo) o agresivos o intervencionistas frente a terceros países. Por encima de las diversas tendencias, llámense como se llamen, considero que es fundamental unir los esfuerzos de América y Europa para ratificar un compromiso colectivo con la seguridad mundial: lucha contra el terrorismo, narcotráfico y tráfico de armas, a través del ejercicio de la corresponsabilidad.
 
Igualmente, debemos reiterar la necesidad del estricto respeto por la propiedad privada y de la seguridad jurídica como principios rectores de las relaciones comerciales. Hay que asignarle al Estado un rol en la planeación económica, pero también debemos dejar que el mercado cumpla sus funciones de regulación. Hay que
fortalecer los partidos políticos, como espacios privilegiados de la representación ciudadana, a través de su democratización interna, la promoción de nuevos líderes, una mayor transparencia y una capacidad renovada para transmitir las demandas sociales.
 
Para el cumplimiento de esta tarea confío en que Europa liderada naturalmente en este esfuerzo por España y Portugal- se integre con América Latina sin prejuicios, desarrollando una política integral de largo plazo, y sobre la base de que nuestros países no son unos “minusválidos políticos”. Somos actores estratégicos para su presencia mundial y podemos contribuir a generar importantes consensos en temas centrales de la agenda global.
 
La paz y seguridad mundiales.
Dentro de los cambios que nos trajo el nuevo siglo, hay que destacar la forma en que se ha redefinido el concepto tradicional de seguridad. Hoy por hoy, Europa y América Latina enfrentan amenazas a la seguridad y paz internacionales que están globalmente interconectadas, sin precedente alguno. Son retos que un sólo Estado, de forma aislada e independiente, no puede afrontar y que no fueron previstos en la arquitectura internacional que se desarrolló a partir de 1945.
 
Hoy una amenaza de carácter trasnacional para un Estado es una amenaza para la comunidad global, que requiere una mayor cooperación internacional, liderazgo político de las naciones e instituciones de seguridad colectiva.
 
Europa y América Latina, convencidos como somos de las bondades del multilateralismo, tenemos la obligación de hacer causa común, en el marco de las Naciones Unidas y de la cooperación regional, alrededor de acciones eficaces contra el terrorismo internacional. No podemos caer en la trampa de quienes quieren presentar el terrorismo como un “choque de civilizaciones" o "de culturas”. Estamos frente al fenómeno de delincuentes y fanáticos que han querido tomar por asalto los escenarios de la cultura, de la religión y de la política.
 
Nuestras acciones deben privilegiar el reconocimiento de la claraconexión entre terrorismo, drogas ilícitas, corrupción, lavado de dinero, tráfico ilegal de armas y crimen transnacional.
 
El problema mundial de las drogas.
En esa misma dirección, Europa y América Latina deben continuar sus esfuerzos de cooperación efectiva, a partir del principio de la responsabilidad compartida, para atacar las drogas en toda su cadena productiva y su contenido trasnacional. Por lo tanto, es necesario redoblar nuestros esfuerzos conjuntos en campos como
el control a los precursores químicos, el lavado de activos, el consumo y el ingreso ilegal de drogas, que por cierto tiene dos grandes puertos de entrada en el mundo: España y los Estados Unidos. Sin medidas puntuales en estos aspectos, la criminalidad organizada seguirá siendo un grave factor de perturbación internacional.
 
Valga anotar aquí que observo con muchísima preocupación que, mientras que en Estados Unidos el consumo de droga se ha estabilizado, en Europa la demanda se ha disparado. Esto representa, por supuesto, un grave problema de salud pública para España, Portugal y todos los europeos, pero es también un inmenso problema para América Latina, y sobre todo para Colombia, donde ese consumo se convierte en violencia y terrorismo.
 
El impulso a la integración.
Hablemos ahora de integración. Soy un convencido de que América Latina debe unir sus esfuerzos para impulsar su integración con la Unión Europea y el resto del mundo a través de iniciativas bilaterales, regionales y bi-regionales. Ellas son una oportunidad de inserción internacional que contribuyen a un mayor acceso de los
productos a los mercados mundiales y que fomentan las inversiones.
 
Debo ser muy claro al señalar que no hay plataformas de inserción excluyentes. Podemos y debemos avanzar simultáneamente, en ejercicio del principio de "Respice Omnia" -mirar al conjunto, mirar al universo-, hacia la suscripción de Tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos, la configuración de un Área de Libre
Comercio de las Américas y la constitución de Acuerdos de Asociación con la Unión Europea, que incluyan zonas de libre comercio.
 
En esta perspectiva, América Latina debe tener un mayor acceso a los mercados de la Unión Europea y los Estados Unidos, con el fin de promover su desarrollo económico, la generación de empleos y estimular la competitividad de nuestros países.
 
Pero también estamos en la obligación de avanzar hacia una mayor integración latinoamericana con la convicción de que la integración debe hacerse a través de bloques regionales. La experiencia de España y Portugal en el marco de la Unión Europea ha demostrado las bondades de este proyecto en la preservación de la paz, la generación de bienestar y el desarrollo económico. Esta integración se hizo con enormes apoyos para la cohesión social y regional que representan más de una tercera parte del presupuesto comunitario, los cuales han beneficiado, por el término de 18 años, no sólo a países como los dos antedichos, sino también a Grecia e Irlanda, en sectores estratégicos como obras de infraestructura, recursos humanos y entorno productivo.
 
Infortunadamente la integración de América Latina con Europa o los Estados Unidos no cuenta con esos soportes. Es decir, se hace sin "anestesia". Por lo mismo, debemos encontrar mecanismos específicos que permitan resolver las inevitables asimetrías que se presentan.
 
Apreciados amigos becarios:
Ustedes son jóvenes en el tercer milenio con una gran responsabilidad sobre sus hombros, como la tuvimos todos aquellos que venimos trabajando desde hace décadas por nuestros países, por la paz y el desarrollo. El mundo que vivimos tiene todavía un largo camino por recorrer para resolver sus problemas, pero también cuenta con su talento y entusiasmo para avanzar en la dirección correcta.
 
No es éste el tiempo para que los jóvenes entierren la cabeza en la arena como los avestruces, ocultándose detrás de las fiestas, la música y los juegos de video, para no ver lo que pasa a su alrededor. Sin sacrificar la alegría y el tiempo para la diversión, no hay que olvidar que éste es el momento de actuar. El mundo que vivamos, todos nosotros, será el mundo que construyamos y nuestra labor comienza ahora mismo. ¡Ahora mismo, y no mañana!
 
Construir desde la diversidad debe ser la consigna de una nueva juventud. No presten jamás sus oídos ni sus manos ni su apoyo a las consignas del odio o la división. Rechacen el sinsentido de la violencia y busquen el sentido de la razón. Construyan caminos que unan y no cercas que separen. Edifiquen sobre solidaridad y no sobre exclusiones. Prefieran la responsabilidad al facilismo.
 
Háganse cargo de su futuro desde el presente. ¡A eso los invito, estimados becarios! Para que nunca más, ¡para que nunca más!, podamos decir que el mundo está mal porque otros hacen las cosas mal. El mundo estará bien o mal dependiendo de nosotros, empezando por nosotros mismos y nuestra forma de vivir la vida.
 
Que el ejemplo comience por casa, en sus propias vidas y actividades. Que hagan de sus países: de España, Portugal y cada una de las naciones iberoamericanas aquí representada; de cada una de sus ciudades; de sus propias familias, polos de tolerancia y de respeto hacia la vida humana y hacia la diversidad que la
enriquece. Como decía Sir Robert Baden-Powell, el fundador del movimiento Scout, "tratemos de dejar el mundo en mejores condiciones que las que tenía cuando llegamos a él".
 
iPueden hacerlo! Que su juventud sea una fuente de luz y de concordia a nuestro alrededor. Que los jóvenes de España, Portugal y de América Latina, que comparten la valentía del Quijote para hacer realidad las utopías y luchar contra la injusticias, sean la chispa que encienda un sendero de desarrollo y progreso fundado en la tolerancia. iQue aporten elementos positivos a la humanidad con todo el corazón y todas sus fuerzas!
 
Las tres semanas que pasarán en España y Portugal, compartiendo entre ustedes, recorriendo estas hermosas tierras y aprendiendo de líderes e intelectuales, serán, sin duda, un tiempo muy valioso en su vida que les estimule a continuar su ejercicio profesional en sus países con un compromiso aún más fuerte que el que hoy los
anima. Cuando la vida pase y miren hacia atrás desde la serena cima de los años podrán decir a sus hijos y a sus nietos que no han vivido en vano y que el mundo, gracias a ustedes, es un mundo mejor al que encontramos. iUn mundo digno de este tercer milenio que todavía no hemos sido capaces de inaugurar!
 
Muchas gracias
 

Andrés Pastrana Arango:

Ex presidente e embaixador de Colombia ante os Estados Unidos de América