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Ángela Torres Iglesias: Semana do Cerebro. Las enfermedades psiquiátricas: Un problema de todos/as


Las enfermedades psiquiátricas viven en la actualidad una sorprendente paradoja: algunas (como el trastorno por estrés postraumático, o los trastornos de conducta alimentaria),  parecen  estar de “moda”, siendo protagonistas de debates y titulares en los medios de comunicación; otras (las más graves),  siguen despertando una especie de temor supersticioso. Lo cierto es que, en plena era de la globalización, estas patologías continuan siendo unas grandes desconocidas.

La Psiquiatría es una rama de la Medicina que se ocupa no sólo de explicar como y porqué se producen las enfermedades psiquiátricas, sino también de comprender y aliviar el sufrimiento de las personas que las padecen. Es indudable que los grandes avances científicos de las últimas décadas, y el mayor conocimiento del funcionamiento cerebral, han contribuído a configurar una Psiquiatría moderna que, sin alejarse  de lo considerado científico, tampoco se olvida de su necesaria visión humanista.

La investigación neuropsiquiátrica actual nos permite plantear con rigor una serie de reflexiones que quizá contribuyan a cuestionarse ciertos mitos que todavía existen sobre estas patologías.

  1. Se trata de enfermedades reales, cuya frecuencia y distribución  en la población se puede cuantificar y evaluar. Sirva como referencia que, en nuestro medio, se estima que un 20% de la población gallega en edad adulta, y un 12% en la adolescencia, estaría en situación de padecer un trastorno psiquiátrico diagnosticable. En general, pueden afectar a cualquier persona, sin limitación de edad, sexo, procedencia, nivel socio-económico o formación cultural, si bien, para cada patología específica es posible identificar perfiles de riesgo más concretos. A modo de ejemplo, se sabe que la asociación de sexo femenino, edad intermedia, acontecimientos vitales estresantes y estilo cognitivo negativo, incrementa el riesgo de padecer un cuadro depresivo.

  2. No son provocadas por causas sobrenaturales o mágicas; la interacción conjunta de múltiples factores (biológicos, psicológicos y socioculturales) en su aparición, suele ser la norma. Desde una perspectiva actual, al abordar las causas, se distingue entre las que predisponen al trastorno, aquellas que lo precipitan, y las que lo mantienen. Los factores predisponentes son aquellos que determinan una vulnerabilidad de la persona a padecer un trastorno, e incluyen la herencia genética, el desarrollo intrauterino, los traumatismos peri-natales, y los factores psicológicos y sociales del desarrollo durante la infancia. Los precipitantes son el conjunto de factores que suelen acontecer poco antes del comienzo del trastorno, y que parecen haberlo “despertado” en una persona vulnerable; ejemplos son: enfermedades somáticas, ciertos fármacos, acontecimientos estresantes, y cambios sociales. En cuanto a los factores mantenedores, contribuyen a perpetuar el proceso después de que haya comenzado; en ocasiones están relacionados con características de la propia patología (por ej., algunas formas de pensar, prolongan los cuadros depresivos y de ansiedad), y en otras con circunstancias sociales.

  3. El estudio de las patologías psiquiátricas, tanto en el ámbito clínico como en el de la investigación, se realiza siguiendo una metodología rigurosa y científica, como en otros ámbitos de la Medicina, y se basa en la aplicación de criterios científicos perfectamente definidos. En la actualidad, dichos criterios se han organizado en dos sistemas diagnósticos reconocidos: la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) desarrollada por la Organización Mundial de la Salud;  y el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), propuesto por la Asociación Americana de Psiquiatría.

  4. Los distintos trastornos difieren en su etiología, prensentación e impacto. Pero, todos ellos producen, en mayor o menor medida, sufrimiento en quienes las padecen y en sus familias, porque a menudo hipotecan un proyecto vital y deterioran la calidad de vida. Como ejemplo concreto de esta afirmación, sirva la referencia de que, según un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud, los trastornos depresivos  representan la principal causa de discapacidad en la región europea, y constituyen la patología psiquiátrica más prevalente a nivel mundial, afectando alrededor de 340 millones de personas. Asímismo, se estima que para el año 2010, la depresión mayor será la 2ª causa de pérdida de años de vida saludable en el mundo, solo superada por la isquemia coronaria.
  5. Para la mayoría de los trastornos disponemos de tratamientos eficaces. Para aquellos considerados crónicos, en que todavía no es posible la curación (como por ejemplo la esquizofrenia),  sí se pueden aliviar los síntomas utilizando una combinación de psicofármacos, y de técnicas psicoeducativas. El enorme desarrollo de la psicofarmacología moderna, nos permite utilizar fármacos adaptados a las necesidades y perfil de cada paciente concreto, minimizando riesgos y efectos secundarios. Pero, precisamente el mejor conocimiento de cómo funciona la sofisticada maquinaria de nuestro cerebro y la mayor comprensión del comportamento humano, han permitido recuperar la relevancia de los tratamientos no farmacológicos. Las tendencia  más actual de la Psiquiatría aboga por la integración racional del uso de fármacos y de técnicas psicoterapeuticas para el tratamiento de la mayoría de los trastornos. Es bien conocido, por su divulgación, que los psicofármacos producen modificaciones en los mecanismos neuroquímicos  cerebrales; sin embargo, poco se habla de los cambios objetivos que se producen en el funcionamiento del cerebro con determinadas técnicas psicoterapéuticas, fenómeno que ha sido descrito en el ámbito científico.

La Psiquiatría ha recorrido una largo y dificultoso camino para llegar a donde ha llegado. Pero, al igual que sucede con otros ámbitos de la ciencia, necesita continuar, aunque no en solitario, sino de la mano de otras disciplinas que también confluyen en la Neurociencia. Quizás juntos podamos afrontar como reto el ir desgranado los misterios de nuestro cerebro, ese órgano sofisticado que posee una enorme capacidad de adaptación y muchos recursos todavía desconocidos. En este sentido, podremos plantearnos como proyecto prometedor el desarrollo de procedimientos que estimulen mecanismos de auto-curación posiblemente existentes en el cerebro.

La investigación psiquiátrica en este nuevo milenio nos plantea también otros objetivos estratégicos, como son esclarecer la continuidad de la patología psiquiátrica a lo largo del ciclo vital, buscando por un lado el impacto del desarrollo infantil en la edad adulta, y por otro los cambios y estabilidades que sufren los cuadros psiquiátricos de una etapa a otra de la vida. Y diseñar protocolos que resulten eficaces para prevenir el comienzo de patologías frecuentes como la depresiva.

Pero el éxito en esas empresas implica un compromiso, no solo de la comunidad científica, sino  también de la sociedad a la que sirve, y de las instituciones responsables de priorizar y distribuir los recursos para el bien común.

Porque, en definitiva, todas las evidencias apuntan que las enfermedades psiquiátricas continuan siendo un problema de todos/as.

Enlaces relacionados:
http://www.usc.es/neurosci/
http://www.dana.org/edab/baw/index_es.cfm
http://www.dxid.org/semanadocerebro

Ángela Torres Iglesias:

Profesora titular de Psiquiatría. Facultade de Medicina e Odontoloxía da USC