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Fernando Domínguez: La ambición de Ángel Carracedo es crear en Galicia un centro de los mejores del mundo *


La gran ambición de Ángel es crear un gran centro de investigación en Galicia comparable a los mejores del mundo. Cuando le expresas tus dudas, responde: «Los científicos gallegos son buenísimos, nada tienen que envidiar a los mejores del mundo; el principal problema es la financiación». Por lo tanto, se pasa la mayor parte del año viajando de la ceca a la meca buscando financiación y apoyos para el proyecto. El ritmo frenético de sus viajes hace que, inevitablemente, renuncie a buena parte de sus aficiones.

Ángel es una de las personas más sociables que conozco, es feliz cuando está rodeado de gente. Si a media mañana el lector se pasa por la Facultad de Medicina podrá verlo, ahora con menos frecuencia, tomando café con docenas de personas -no es exageración- a su alrededor. Hace años, cuando tras meses de lluvia pertinaz llegaba un día de calor, cerraba el laboratorio y se llevaba a la gente, junto a la comida y las guitarras, a pasar el día en la playa. Si iban pocos, su decepción era grande.

Cuando los alumnos de fin de carrera nos invitan a los profesores a la cena de despedida, Ángel es uno de los incondicionales. No solo va a la cena: continúa hasta el desayuno o hasta que los retira a todos. Y es que es incapaz de decir que no. Algunos días me lo encuentro por la mañana después de semanas de viajes y me confiesa: «Estoy agotado». Yo le digo: «Vete a casa»; y con mirada compungida me dice: «No puedo, tengo que ir por la tarde a dar una charla a un colegio». Una experiencia -la charla a adolescentes e infantes- de la que huyo despavorido, como buena parte de mis colegas. De formación científica, nuestro lenguaje procura ser objetivo e impersonal y, por consiguiente, resulta tan aburrido para ellos como un concierto monográfico dedicado a Boulez. Ángel es lo opuesto, pone tanta pasión que impresiona a los chavales. Me comentaba un padre que su hijo, tras oírlo, volvió a casa excitado, queriendo extraer el ADN de los guisantes, como les había enseñado en su charla.

Ángel es una persona desinteresada por el dinero y, por consiguiente, despreocupada de los signos que lo reflejan. Hace ya años la policía lo premió, por algún logro que no recuerdo, y el día que tenía que ir en su desvencijado coche a A Coruña, a la recepción en la que le iba a ser entregado el premio, la fatalidad quiso que las puertas se bloquearan, y que la única forma de entrar y salir del coche fuese a través de la ventanilla. No se arredró, continuó viaje y al llegar al destino tuvo la precaución de dejar la ventanilla del conductor abierta para poder volver a entrar. Cuando finalizó la recepción, las autoridades, con uniforme de gala, tuvieron la cortesía de acompañarlo hasta el coche. Se pueden imaginar sus caras al verlo entrar por la ventanilla. Y es que Ángel es irrepetible.

* Artigo publicado no xornal  La Voz de Galicia o día 25 de xullo de 2011

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