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Darío Villanueva: El rango de la USC (de Shanghái a Leiden)*


El pasado mes de agosto EL CORREO GALLEGO me pidió que comentara la posición de nuestra Universidad en el ranquing de Shanghai (ARWU) que desde 2003 viene elaborando la Universidad Jiao Tong, cuyos resultados correspondientes a 2012 acababan de hacerse públicos. Ahora soy yo el que agradezco al periódico de la capital de Galicia que me dé cancha para hacer lo propio con el ranquing de Leiden que prepara el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (CWTS) de aquella Universidad holandesa, creada en 1575 por Guillermo I de Orange como premio a la ciudad por haber vencido en el asedio de las tropas españolas comandadas por el gobernador de los Países Bajos Luis de Requesens.

En agosto de 2012 las noticias no eran buenas para la USC. Habíamos entrado en el ranquing chino en 2004,  en el tramo comprendido entre el puesto 400 y el 500. En los cuatro años siguientes, la USC cayó de la lista. Regresó en 2009, donde se mantuvo hasta el 2011 y al año siguiente de nuevo bajó.

Comentábamos entonces que este Academic Ranking of World Universities de Shanghai no es el único reconocido globalmente. El QS World Universty Rankings, por ejemplo, sigue situando a la USC en esa franja que va del 400 al 500, y soy de los que opina que se trata de una lista más solvente que la de Shanghai, pues esta trabaja exclusivamente con criterios de excelencia muy concretos, como el número de exalumnos o de profesores de cada Universidad que han ganado un Nobel, o una medalla Fields para los descubrimientos sobresalientes en Matemáticas, y el impacto de la investigación producida que se mide por los artículos publicados en las revistas Nature y Science, así como los incluidos en los índices Science Citation (SCI) y Social Sciences Citation (SSCI). Sus propios responsables  nunca ocultaron que su propósito no era otro que contrastar el nivel de su Universidad con las del resto del planeta sobre todo en investigación y en aquellos campos en los que destacaban, fundamentalmente las ciencias experimentales y la tecnología. Por otra parte, la Unión Europea ha objetado que, pese a ser elaborado en China, este escalafón favorece a las instituciones anglosajonas de enseñanza superior e ignora por completo las humanidades. 

Sigo pensando que, en definitiva, en donde funcionan mejor estas clasificaciones es en el deporte. Usain Bolt es  quien corre más rápido hoy por hoy cien metros lisos y en las piscinas el mismo honor le corresponde a Michael Phelps en los 100 mariposa, sin objeción posible. Otra cosa sucede con algo tan complejo como la valoración de casas de estudios superiores desparramadas por todo el mundo, y encuadradas por lo tanto en contextos económicos, políticos, sociales y culturales muy diversos, como ocurre con la Universidades.

De hecho, el ranquin de Leiden se basa en parámetros bibliométricos. El equipo de su Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (CWTS) se centra en las 500 universidades de todo el mundo con más de 400 publicaciones científicas indexadas en la Thomson Reuters’ Web of  Science. La ventaja en relación a Shanghai es que aquí están referenciadas en capítulos separados las ciencias biomédicas y de la salud, las ciencias de la vida y la tierra, las matemáticas y las ciencias de la computación, las ciencias naturales y la ingeniería, y, por último, las ciencias sociales y las humanidades. De este modo se clasifica y se pondera toda la productividad científica de  cientos de investigadores en campos muy diversos en cada una de las Universidades sometidas a escrutinio, sin marginar u olvidar ninguna de las grandes áreas del conocimiento.

Y así, en la lista global, que valora el conjunto de la producción de las universidades, el primer puesto corresponde el MIT de Boston y entre las veinte siguientes todas son estadounidenses, salvo la Escuela politécnica federal (ETH) de Zurich (19ª).

Pues bien, la primera española es la Universidad de Barcelona (190ª), la segunda la Politécnica de Valencia (207ª) y la tercera la de Santiago de Compostela(USC), en el puesto 240. El ranquing de Leiden registra solamente otras diez más de nuestro país: por su orden, Autónoma de Barcelona, Murcia, Sevilla, Granada, Autónoma de Madrid, Complutense, Valencia, Oviedo, UPV y Zaragoza.

 Mayor interés encierra, incluso, el detalle de cómo la USC pudo llegar a una situación tan destacada entre las Universidades españolas. Por ejemplo, en el capítulo de las Matemáticas y las ciencias de la computación ocupa el primer lugar, seguida de Granada y de Valencia. Y no menos previsible era, en estricta justicia, nuestro segundo puesto en ciencias biomédicas y de la salud, entre la Universidad de Barcelona y la Autónoma de la misma ciudad catalana.

 No les ocultaré a mis lectores la satisfacción que me ha producido ver en la lista holandesa que el área a la que pertenezco como filólogo –las Humanidades–, integrada aquí junto a las Ciencias Sociales, figura en tercer lugar (el primero, de nuevo, corresponde a la UBA), el mismo que ocupamos en el apartado de “Life & Earth Sciences”, después de las dos principales universidades barcelonesas (en este caso, la Autónoma por delante). Y no menos meritorio me parece el octavo lugar que nos corresponde en Ciencias naturales e ingeniería. La lista integrada de todas las ciencias coloca a la USC como tercera, después de la Universidad de Barcelona y la Politécnica de Valencia, y antes de las autónomas barcelonesa y madrileña.

 La correcta interpretación de estos resultados no me parece muy complicada. Vienen a decirnos que el  CWTS Leiden Ranquin 2013  (que, por cierto, no entra a valorar las publicaciones científicas en forma de libros o actas de congresos, lo que perjudica manifiestamente a las Humanidades y Ciencias Sociales) se acomoda más y mejor que el de Shanghai a la naturaleza y especificidad de una Universidad como la USC, con más de cinco siglos de trayectoria. Una universidad pública, gallega, española y europea, que en su plan estratégico 1998-2010 se definía a sí misma como Universidad completa, en el sentido de que, por su propio desarrollo histórico, no está especializada, sino que atiende en sus centros ubicados en los campus de Compostela y Lugo a todos y cada uno de los cinco grandes campos del saber: Tecnología, Humanidades, Ciencias Sociales, Ciencias Experimentales y Ciencias de la Salud.

El tiempo ha decantado, en el caso de la USC, la integración de las tres funciones tradicionales de la Universidad de que hablaba Ortega y Gasset –formación de profesionales,  investigación y transmisión de la cultura– más la que en este siglo  resulta inexcusable: la transferencia del conocimiento para producir riqueza social. Por ello, era de esperar que acabara haciéndole justicia a la USC cualquier ranquing que, como el de Leiden, atendiese a los resultados de ese trabajo callado y tenaz que sólo se puede realizar en las Universidades y contados organismos públicos y privados de investigación, en este caso computado a partir de la fuente exclusiva de la Thomson Reuter’s Web of Science.

Sería, pues, lamentable que, al igual que el pasado verano la opinión pública gallega pudo sobresaltarse con los resultados de Shanghai, no supiese ahora que desde los Países Bajos, y gracias a la Universidad de Leiden, nos llegan noticias sumamente alentadoras. Noticias contrastadas que nos permiten pensar que en la USC cientos de investigadores están produciendo conocimiento en todos los campos del saber, difundiendo aportaciones que  la sitúan mundialmente en el puesto 240, como la tercera entre las españolas.  Ojalá este dato sirva también para situar de nuevo a la Universidad entre nuestras prioridades para superar la profunda crisis que padecemos. Dícese de un gestor de los ferrocarriles que para cuadrar el balance arbitró suprimir las locomotoras, por ser caras, pesadas y consumir mucha energía.

*Artigo publicado no xornal El Correo Gallego o día 12 de maio de 2013